Añoranza de un tiempo lejano ya

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Foto: María Ortíz

Galopar en Gerente, es de las cosas que más extraño de mis escapadas los fines de semana a Guanajay.

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Foto: María Ortíz

Antes de que lo vendieran y cuando mis viajes allí eran más frecuentes, en cuanto llegaba y sin quitarme el polvo del camino, como diría el Apóstol, tomaba una manta, lo buscaba, le daba de comer un pedazo de pan viejo y lo montaba.

Sobre Gerente, el aire del campo era distinto, me sentía más libre y las horas pasaban sin notarlas, sólo me daba cuenta que era tarde cuando el Sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, entonces ya no había remedio, debía regresar a la casa y volver a ese sin sabor que en ocasiones tiene la rutina, pero me reconfortaba saber que a la mañana siguiente volvería a disfrutar de esa libertad.

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Foto: María Ortíz

Desde hace tres años mis viajes a Guanajay se han hecho fugaces, voy y regreso en el día. Allí, ya nada es igual. Gerente lleva casi el mismo de tiempo de estar vendido y aunque en el caserío hay otros caballos, ninguno me ha inspirado el deseo, ni la confianza, de querer montarlos. Por eso, galopar y las sensaciones que tenía al hacerlo, siguen siendo de las cosas que más extraño de aquel tiempo lejan  o ya.

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